65 años vinculado a La Prensa Austral

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Este 2018 no es un año cualquiera para el periodista magallánico Jorge Babarovic; en enero, cumplió 85 años de edad y en septiembre alcanzará los 60 años de matrimonio con su colega locutora y actriz María Velich. Más aun, en este agosto, ha registrado 65 años de vinculación con La Prensa Austral y 40, tras sucesivas elecciones, como miembro del directorio de la Asociación Nacional de la Prensa y preside con el título de Gran Canciller la Cofradía Magallánica del Calafate desde su fundación hace diez años.

Por estas y otras razones, largo de enumerar, pensamos que sería bueno dar a conocer su trayectoria, en una entrevista íntima y cordial.

“La vida es una obra teatral que no importa cuánto haya durado, sino lo bien que haya sido representada”.

Esta frase de Lucio Anneo Séneca, filósofo y escritor romano, sirve como introducción para adentrarnos en la venturosa vida de Jorge Babarovic Novakovic, un ser humano que, a través de su existencia, ha impreso y está aún marcando, profundas huellas en distintos campos de las comunicaciones.

El niño Jorge nació en la Perla del Estrecho, con raíces croatas de Milna, por Luka, su padre, un pescador, y de Pučišća, por María, su progenitora, joven viuda con la cual su papá contrajo matrimonio, resultando de esta unión dos hijos: Nicolás y Jorge.

Llegó al mundo, atendido en casa por una matrona, en calle Latorre número 441, entre Avenida España y Talca (hoy Armando Sanhueza).

El racconto de su vida se desliza a bordo de un trineo de madera, por las cuestas y pendientes del barrio Sur, su lugar de nacimiento.

“Mis primeros estudios fueron en una escuela fiscal, la número 8, en la esquina de Briceño y Señoret, a tres cuadras de la casa, en el barrio Sur y siempre recuerdo el 441 porque nos obligaban a memorizarlo por si nos perdíamos en la calle. Estuve sólo medio año en esa escuela por causa de un problema de pediculosis. La cosa es que me llené de piojos, algo muy desagradable. Tuvieron que sacarme esta pediculosis a base de parafina como se acostumbraba entonces. Esto se tradujo en el traslado a lo que se llamaba en ese tiempo el Asilo de Niños Huérfanos y Abandonados de Miraflores, hoy Hogar del Niño”.

“Tuve muchos amigos en el barrio y recuerdo, entre otros a Edmundo Rojel, Mario Andía, Fernando Bonacic y Juan y Milivoj Trevizan, asimismo a los hermanos Garay. Aun cuando no eran del barrio, venían a jugar con nosotros Alfonso Mihovilovic y Olguita Ursic”.

“Aprendí a leer antes de ir al colegio, porque mi padre leía con mucho interés, y en voz alta el diario, junto a la estufa marca Dover número 7, a leña y carbón. Básicamente siguió el día a día de toda la Segunda Guerra Mundial. Se sentía protagonista y en cierto modo lo era, desde el momento en que trabajaba en una empresa británica y él un partisano más combatiendo al nazismo que invadió el territorio ancestral. Estas lecturas contagiaron a mi hermano Nicolás que también hizo radio. Aprendí leyendo el diario de la época, que era el vespertino El Magallanes. Mi primer examen de lectura en el Hogar del Niño, lo di frente a una profesora que era de la Inspección Provincial de Educación. Fue en primera preparatoria, leyendo las noticias de ese diario”.

Para Jorge, contra todo lo que podría pensarse, el cambio de colegio fue agradable y beneficioso. No todos eran huérfanos o abandonados. Algunos vecinos del sector Miraflores y Barrio Sur enviaban a esta escuela a sus hijos para que no se alejaran tanto del hogar. Esta convivencia con niños de esa condición social, fortaleció su formación. Las monjitas pertenecían a una congregación de Las Madres Verónicas. Señala Jorge que “ellas eran encantadoras y además hacían unos dulces exquisitos como empanadas de pera y manzanas”.

En esa época, la cocina era el lugar más importante del hogar; como en la mayoría de las casas magallánicas de la clase media y trabajadora. Había una mesa grande que servía para el desayuno, el almuerzo, la hora del té, la cena y para hacer las tareas y aprender las lecciones. En esa misma mesa se amasaba el pan. Comenta Jorge Babarovic que su sabroso aroma, que aún le llega nostálgicamente.

“Los pedidos de leña y carbón eran transportados en carretas derecho a los patios; luego venían unos aserraderos ambulantes a trozarlas. Picar los trozos a hachazo limpio para poder introducirlos en la cocina era una tarea nuestra de cada día. Además, nos correspondía regar las plantas del huerto. Las cosechas eran variadas: lechugas, zanahorias, papas, repollos, escarolas, espinaca, coliflores, frutillas que se vendían a buen precio entre enero y febrero y que permitían costear los gastos propios de marzo”.

“En mis años de niño en Miraflores, vi por primera vez a Stanko Karelovic y a su hermano Alejandro. Se dio por una circunstancia especial: había cerca del Hogar del Niño, unas grandes barracas que acumulaban la lana enfardada hasta el momento de su embarque. Cuando se desocupaban esas bodegas, de fino piso de madera, se transformaban en canchas de básquetbol y la primera vez que vi a uno de esos jugadores me impresionó mucho, era Stanko”.

Sus inicios en las comunicaciones

De las monjas, Jorge pasó al Liceo San José, donde su hermano ya cursaba años superiores. Estudió hasta Cuarto Humanidades en este colegio, pero al fallecer su padre, tuvo que trabajar, de manera que concluyó sus estudios en el Liceo Nocturno. En esta época presidió el Centro de Alumnos del establecimiento y la recién creada Federación de Estudiantes Vespertinos y Nocturnos, de escasa vida. Siendo alumno del San José, cuyo director era el padre Vladimiro Boric, posteriormente obispo diocesano de Magallanes, colaboró con el semanario interparroquial, El Amigo de la Familia en la sección crónica. Fundado por José Fagnano en 1903, es uno de los periódicos más antiguos de Chile y todavía existe.

Recuerda Jorge Babarovic que la mitad de los alumnos del Cuarto Humanidades quería ser sacerdote y el resto médicos. El único que logró ordenarse fue el natalino Roberto Sánchez. Como médicos, varios: Jorge Mihovilovic, Mirko Buvinic, Osvaldo San Martín, Raúl Talma, etc. En el San José, contaban con un equipo de altoparlantes y hacíamos programas en las fiestas liceanas como si fuera una radioemisora y eso impulsó mi vocación radial. La radioemisora la llamábamos pomposamente “Esta es RLSJ” (Radio Liceo San José).

“En esa misma época, la poesía era mi gran recurso artístico y de conquista y no sólo recitaba en los horarios nocturnos de la radio, sino que además recorría las parroquias arrancando suspiros de las féminas con los versos del mexicano Manuel Acuña”.

“A los quince años, partí a la Patagonia argentina, para trabajar como temporero durante la faena de esquila en la estancia Franka, cercana al lago Argentino. El administrador del predio era un primo, Felipe Pejkovic, el que me atendió con afecto familiar lo que no impidió que me remunerara generosamente”.

“Cuando termino cuarto año ya trabajaba en radio Polar e hice clases en tercera preparatoria del San José. Dar clases fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida”.

En la intendencia, dice Jorge que tuvo un cargo muy minúsculo; oficial dactilógrafo grado 28 y de paso se dio cuenta que podía trabajar en el diario La Prensa Austral. Para tal efecto debió contar con la anuencia del intendente de la época.

“Lo recuerdo con admiración a Cecil Rasmussen, quien además de su alto cargo, de noche se ponía un buzo y visitaba el diario en su calidad de experto en linotipias. Tal era la confianza que a veces, y conociendo su pensamiento, le inventaba entrevistas que él aprobaba posteriormente, cuando ya estaban publicadas”.

Nuestro entrevistado salía a reportear con lápiz y papel para radio Polar y el diario. La emisora formaba parte de la cadena de Radio Cooperativa, la Voz de Chile para todo América. Jorge aclara que sus trabajos de radio y diario fueron a veces simultáneos y otros sucesivos.

Siguió con sus ocupaciones, hasta que cayó en la cuenta que era insostenible mantener los tres trabajos y optó por el diario y la radio. “En la emisora uno era de todo: reportero, lector de noticias, operador y locutor comercial al mismo tiempo, libretista y, antes en radio Austral, sólo faltaba que hiciera el aseo”.

“En radio Austral, ya tenía presencia mientras cursaba primer año de Humanidades del Liceo San José. A los 14 años, mi profesor de castellano, era José Scarpa Straboni, primo de Roque Tomás Scarpa y hermano de Roque Esteban, el catedrático”.

Tradicionalmente, las emisoras en Semana Santa, radio teatralizaban la Vida Pasión y Muerte de Jesucristo; la misma versión de las viejas películas en blanco y negro rayadas y con recortes por el desgaste. A Jorge le asignaron el papel de Poncio Pilatos. “El rol nada de digno”, ironiza, pero al parecer lo hizo bien, porque la emisora lo contrató de inmediato como locutor estable.

En esa época, el locutor oficiaba de radio controlador, relataba y cambiaba discos y la púa, antecesora de la aguja que se gastaba al tercer disco de vinilo.

El amor de su vida

A María Velich, su esposa, la conoció en radio Polar. Ocurre que en un momento se abre la posibilidad de cambiarse a esta emisora que tenía mayor categoría que la Austral. Además, contaba con controladores y, era una filial de Cooperativa Vitalicia, con un horizonte laboral más interesante. Lo mismo desde el punto de vista de las remuneraciones. En esta emisora se sumó al equipo de radioteatro y tuvo de compañera a María.

“Eramos simples compañeros de trabajo, cada uno con su vida, sus pololos y pololas. Pero con el tiempo se convirtió en polola, novia y finalmente en esposa, madre de mis tres hijas, abuela de varios nietos y ahora bisabuela”.

María estaba en la locución y en el radioteatro. Entre los actores destaca sobre todo a un personaje, María Elena Vukovic Arecheta de Calcutta, a juicio de Jorge, extraordinaria, muy exquisita, de un humor notable. Combinaba la tarea de libretista y actriz. También evoca gratamente a las hermanas Elsa y Gloria Díaz, Astrid Nielson, Rosita Ortega y entre los hombres René Lillo, Juan Carlos Costa, Mario Rivas, Juan Alberto Sepúlveda y muchos otros. Varios de los guiones los escribía Arturo Ampuero Navarro, en algún momento gobernador de Puerto Natales. A María le tocó encarnar a La Quintrala en una versión adaptada por Ampuero.

Los efectos especiales los aportaban una puerta falsa, arena, papel celofán, golpes en las rodillas para imitar cabalgatas y otros elementos incluso domésticos. No existía la grabadora propiamente tal, de manera que los programas se emitían en vivo. Radio Polar tuvo una grabadora con un alambre en vez de cinta, lo cual creaba una serie de problemas, por su deficiente nivel de reproducción y tampoco podían usarla para poner música.

“Con María, nos casamos por la iglesia, nada menos que en la Capilla del Niño Jesús de Praga, en el Hogar del Niño de Miraflores, gracias a una autorización del obispo Vladimiro Boric y la celebró el sacerdote salesiano y esloveno, Martín Marosa”.

Jorge Babarovic fue presidente de la Caja de Compensación de los Trabajadores Ganaderos de Magallanes, miembro del directorio de la Asociación de Ahorro y Préstamo Patagonia, que financió la construcción de cientos de casas, orientadas especialmente hacia la clase media. Esta Asociación era gerenciada exitosamente por su gran amigo, el abogado Joaquín Curtze Sancho.

Como colaborador permanente de la revista Ercilla, publicó una veintena de reportajes. Fueron los viejos tiempos de esa publicación que le dio la oportunidad de rodearse con periodistas de la talla de Luis Hernández Parker, Hernán Millas, Emilio Filippi, Guillermo Blanco y Abraham Santibáñez todos Premios Nacionales de su profesión.

Una sana bohemia

En el tiempo en que nos instala Jorge Babarovic y sus recuerdos, el director se retiraba cuando se cerraba el diario; es decir cuando el reloj marcaba las dos o tres de la madrugada. En Punta Arenas, a esas horas sólo un par de locales mantenían sus puertas abiertas, uno de ellos era el Centro Austral, un punto de encuentro: “La Catedral de la Amistad Cívica”.

Jorge se emociona al recordar esa época: “Los hoteles ya no tenían sus bares abiertos. Solamente estaban ‘El Pato Loco’ y el ‘Pavo Real’ en un sector bastante conflictivo, en las calles Errázuriz con España”.

El gran comunicador argentino Antonio Benedicto, quien pudo haber sido el que inició la profesionalización de la radiotelefonía en Magallanes, ofreció a Jorge Babarovic los cargos de director y gerente de radio La Voz del Sur y a su vez gerente de una agencia que centralizaba la publicidad de radio Polar, La Voz del Sur y La Prensa Austral. De manera que, por el hecho de aceptar la oferta seguía vinculado con el diario, relación que se mantiene durante más de 62 años.

También Jorge estuvo involucrado como dirigente sindical, tal como lo expresa en sus declaraciones: “Mi vida gremial comienza con la formación del Círculo Radial de Magallanes y del Colegio de Periodistas que dependía antes de Osorno. Conseguimos que modificaran la ley y así se pudo crear el Consejo Regional propio de esta zona”.

Como se produjeron grandes cambios en la Explotadora Tierra del Fuego, Eduardo Doberti Guic, su nuevo gerente le ofreció a Babarovic el cargo de secretario general con un horario normal. De esta forma en 1965 se alejó un tiempo del periodismo, manteniendo siempre el vínculo con La Prensa Austral.

En 1970, deja la empresa luego denominada Ganadera Tierra del Fuego y retorna a La Prensa Austral ahora como gerente.

Destaca algunos de sus aciertos periodísticos, señalando: “En la década de los sesenta, en la revista Ercilla algunos de mis artículos ocuparon su portada. La entrevista a Walter Rauff tuvo tanta difusión, que me vinieron a entrevistar años después de TVN. Es como si fuese lo único que hice en periodismo. Claro que era importante. De joven era conservador, pero en sentido de conservación no tenía nada. De todos modos, despachaba para El Diario Ilustrado, a radio Cooperativa y después a la radio Minería en los mejores tiempos del Correo de Minería. Fue entonces que dimos un gran golpe noticioso, cuando escapó de la cárcel de Río Gallegos el estado mayor del peronismo, entre ellos Enrique Cámpora, luego Presidente de transición hacia el regreso de Juan Domingo Perón al poder en la década de los setenta. También, trabajé en la revista Radiomanía, que se dedicaba a lo que acontecía en las emisoras y en el cine, dirigida por Lucho Aron. Todo esto desde Punta Arenas para Santiago”.

También causó revuelo en época, su entrevista a Albert Pagels el viejo lobo de mar que logró burlar el bloqueo naval inglés en Chile en la Primera Guerra Mundial.

En Santiago, pero el corazón siempre magallánico

Sus tres hijas llegaron para alegrar la vida del matrimonio Babarovic-Velich: primero nació Marisol el 14 de agosto de 1962; después nacieron Susana, el 14 de enero de 1965 y Diana, el 25 de enero de 1966.

Jorge Babarovic continuó como gerente del diario hasta fines de 1974 y luego una circunstancia muy especial, lo hizo trasladarse a Santiago con toda la familia.

Célebre es Jorge por su participación en clubes, mesas periodísticas o cofradías. De hecho, siendo un niño ya fue parte de un club muy especial. Jorge de pronto enlaza situaciones y dice: “Hubo un tiempo en que nos dio por crear instituciones que no eran integradas por más de seis o siete muchachos del barrio que salíamos a recoger calafates y frutillas. Íbamos a Río de los Ciervos, Leñadura y a los campos próximos a la ciudad que hoy son ocupados por las poblaciones 18 de Septiembre y Fitz Roy. Este club lo bautizamos pretenciosamente el Royal Camping Club. Esas frutas, nuestras madres las convertían en exquisitas mermeladas. Jugábamos mucho al aire libre cosa, muy ausente hoy en día”.

Creamos en la capital el Círculo Provincia de Magallanes en el cual tuve un papel protagónico. Nos reuníamos preferentemente en el Club de la Unión Española en calle Carmen 110 y aquí se organizaban las semanas magallánicas, cuyo programa incluía la Fiesta de la Centolla. Estas se traían desde Punta Arenas para ofrecerlas a un precio razonable. Asimismo, se hizo el Día de la Cultura Magallánica, en el Museo Vicuña Mackenna; también, el Día del Recuerdo, con una misa en honor a los magallánicos fallecidos lejos de su tierra en la iglesia de la Gratitud Nacional.

“Cumplimos ya diez años (2018) de existencia de la Cofradía Magallánica del Calafate. El primer encuentro se realizó en la casa del periodista, Claudio Fariña, en Providencia, donde flameaba la bandera magallánica. Comenzamos especialmente con gente que trabajaba en Televisión Nacional, como Fariña, Davor Gjuranovic, Rodrigo Cid; otros patagónicos de ámbitos diferentes como Claudio Radonich, Vladimiro Martinic, Sergio Pinto, Alejandro Vega, Raúl Urrea, y siempre presente el actor, Luis Alarcón. Éramos sólo varones, pero dejando atrás el ‘Club de Tobi’, llegaron Patricia Stambuk, Yasna Vukasovic, Inés Llambías, Teresa Velasco, Susana Babarovic, Jocelyn Balic, la senadora Carolina Goic y la ex subsecretaria del Ministerio de Salud, Lidia Amarales, Claudia Urzúa, Rossana Magas y María Graciela Astorquiza. Aclaro, no sólo hay magallánicos de nacimiento, sino de corazón. Siempre cuando presento a uno de los adoptivos, recuerdo una frase de Francisco Coloane que me quedó muy grabada. La expresó cuando le dieron el Premio Nacional de Literatura: “La tierra en que naces es la tierra tuya, la tierra en que creces, es tu tierra amada”.

“Soy el gran canciller, elegido sin acarreo. Quisieron ponerme el título de canciller vitalicio, pero rechacé a esto último, por la experiencia de los senadores vitalicios, cuya condición siempre critiqué”.

“El sentido de la cofradía es reunir recuerdos, contactos, un grupo que gira en torno al dicho de José Bohr ‘El que come calafate ha de volver’. Los magallánicos que emigran o los que permanecen unos años en nuestra región, sienten una profunda nostalgia y ésta es una cofradía de la nostalgia en el sentido que no es de proyección ni beneficencia”.

Jorge Babarovic, forma parte del Directorio de la Asociación Nacional de la Prensa desde hace más de cuarenta años por sucesivas votaciones en asambleas bianuales; fue vicepresidente en las directivas presididas por Roberto Pulido, a quien reemplazó, en varias oportunidades.

Ostenta más de cuarenta años en la Asociación Nacional de la Prensa y más de 65 años con La Prensa Austral.

“Yo no estudié periodismo en universidad alguna, simplemente porque no existía la carrera de periodismo y tampoco podía llegar hacerlo por razones económicas”.

“Pero a pesar de eso, aparte de la actividad misma, fue la vocación desde mis tiempos de escolar la que me llevó, a como decía Gabriel García Márquez, ‘el oficio más hermoso del mundo”. Posteriormente vino la colegiatura, la asistencia a numerosos seminarios y cursos dentro y fuera del país las que configuraron mi formación”.

La vida actual de Jorge Babarovic gira en torno a los ochenta y cinco años, más vigente que muchos, con la lectura diaria de por lo menos tres periódicos en papel, sumados al Internet que le provee el New York Times, El Mundo y El País; al frente una gran pantalla le permite ver las películas aún no estrenadas en Chile y aquellas del recuerdo. Un alto de libros y material de lectura le ocupa su tiempo. Jorge Babarovic está vigente por la excelente manera como se conecta con la gente joven y también con los escasos sobrevivientes de su generación, y así también por las añoranzas de su tierra y sus actividades iniciadas en ella, lo que le inyecta diariamente la fuerza de la existencia y la satisfacción de haber cumplido muchos de sus sueños, pensando en la frase del poeta y novelista estadounidense: “Aférrate a tus sueños, porque si los sueños mueren, la vida es un pájaro con las alas rotas, que no puede volar”.

Fuente: El Magallanes

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